Se cerraba el partido. A esta altura, Riquelme ya se había ido para darle paso a Insúa. Román ya había pagado con un tiro que terminó en gol de Palermo y un golazo que remedió la macana de Muñoz, y había sido reemplazado. Pero no alcanza, a Boca nunca le alcanza. Porque en el fondo las cosas asustan, la cueva no está cubierta como se debe, y así, a Boca no le alcanza, nunca le alcanza.
Se llena con las escapadas, los slaloms y la clase de Gaitán, para perder todo lo recaudado con un simple desacople defensivo o una distracción pasajera. Porque no fue que Argentinos encontró esa explosión necesaria en Ortigoza y Mercier. De hecho, Medel, un Medel atentísimo, y Erbes se las habían arreglado bien. Bloquearon a los volantes de creación de Argentinos, que no podían producir ni un poquito, y así la tranquilidad estaba dada para dedicarse a mirar al arco de enfrente.
Pero no alcanza, a Boca no le alcanza. Se encontró con un equipo blando, que permitió hasta que Gaitán hiciera jueguitos dentro del área, que tuvo a Peric con grandes problemas a la hora de mostrar solidez, pero que supo cuándo, cómo y dónde pegar. El equipo de Alves daba el más mínimo error y ahí estaban los de Borghi para complicarles la vida. Porque ni siquiera con que Abbondanzieri estuviera firme, se pudo dar la victoria. El Pato le tapó primero un mano a mano a Calderón, después un disparo a Mercier desde afuera y por último un tiro libre al pibe Coria.
Lejos estuvo Boca de mostrar esa promesa de tiki tiki que Alves había dicho ni bien se enteró que se haría cargo del equipo. Lejos, sí, pero no a una galaxia. Porque un equipo al estilo Cappa o Menotti no se hace de la noche a la mañana, y el Xeneize dio, al menos en ataque, sus primeros pasitos para salir adelante y demostrar que, con un menjurje de experiencia, juventud y gente que anda en la mediana edad futbolística, todavía está latente. Pero no alcanza, a Boca nunca le alcanza. Una Sosa de locos.

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